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domingo, 20 de mayo de 2018

Hombre de todas partes



Él es un hombre de todas partes,

sentado en un lugar del mundo

que él cree su patria

pero que no es suyo,

ni lo será en ningún tiempo

a menos que se asuma

como el “don nadie” que es.



Está tan acostumbrado a su miseria

que mira confiado a todos

pensando que le va bien;

pero la codicia del sistema

le enseñará a desconfiar,

y a calcular no salir tan lastimado

una y otra vez.



Nuestro hombre de todas las partes del mundo

sabe que tiene poder;

¿Pero qué hace con una patineta un niño,

que ni siquiera sabe correr?



Hombre mío de todas las partes del mundo

alguien hizo la calzada

y la vereda por donde puedes ir y volver;

pero la vereda y la calzada

son tuyas,

como el mundo entero también.



Hombre de todos los lugares

¿Te habrás dado cuenta

que todo está simbolizado?

¿Te habrás dado cuenta que las reglas

están hechas para favorecerte

sólo mientras te desangres soñando que alcanzarás algo?



Mientras tanto, hombre mío

de todas las partes del mundo,

eres tú mismo la fuerza que te reprime,

el apartheid que te excluye;

eres tú mismo quién te condenas

eligiendo a tus reyes,

avalando a gritos de protestas

porque se cumplan

las leyes que aún crees justas

y que nunca fueron hechas para ti.



Tienes dos opciones hombre insignificante

de todas las partes del mundo;

saber que no eres un gusano

y cambiar la ley que aún no sabes

todo el daño que te causa;

pero créeme, hombre proletario,

comerciante informal

perseguido por tus parientes asalariados;

créeme que, cuando pides lo justo para ti,

lo que debieras hacer,

hombre ignaro de pupilas sorprendidas,

es saber que respaldas ciegamente

una ley de leyes que hace que, todo por cuanto protestes,

caiga en saco roto

entre discusiones interminables

de derechas e izquierdas,

escándalos de páginas primeras

e impunidad blindada a toda prueba.



¿Me comprendes hombre amado de todas y de ninguna parte?

se agota el tiempo de vida y con beneplácito

el puñado de millonarios que elegiste

te verán nacer pobre

y morir más pobre que ayer

y “nadie” sabrá por qué.



La cuestión no es enfrentarse al poder a gritos

o con fuego y genocidios, (eso déjaselo a los gringos)

la cuestión es saber que el poder

tiene su amparo y su respaldo

en una ley máxima llamada constitución;

aquella que mientras sueñas el imposible

de llegar a ser rico

o conseguir algo qué comer,

permite que se te robe con una palmada en el hombro

legalizando la delincuencia,

aquella de cuello y corbata,

que conoces tan bien pero no sabes cómo detener.