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sábado, 5 de noviembre de 2016

In perpetuum



Acabo de ver a mi madre

desdibujada;

y a mi hermana,

más vieja que ella

andando solariega y solitaria.



Las calles que solía transitar con Monky y Cuto,

están igual;

los árboles crecieron,

y aquel grande y viejo

donde mi padre se sentó un día

a soñar,

amarilló sus hojas cuando

el césped nuevo bajo el cielo

se puso a reverdear.



Las cosas no son para siempre

y es mejor, aconsejo,

dejar la vida

en su cumbre,

cuando todo radie bienestar;

no esperemos que el tiempo

desbarate la lumbre

que radia la lozana juventud.



Cuando la amada sonría

y nos alumbre el alma con su sí,

dejémosla inmortalizada en un recuerdo,

plena de ilusión;

porque de allí en adelante

todo será devenir;

no, lo que la esperanza

en sus horizontes de vida,

nos prometió.



Solo lo que no vive

permanece inalterable

solo las cosas y Dios.

El “para siempre” existe sólo

en nuestra vida breve;

y el nunca, es anticipar la muerte

de lo que jamás sucedió.



Cuando te acaricio

todos mis sueños azules

se vuelven

amanecer triunfante;

por eso,

no importa que el tiempo pase

¡a tu lado me quedaré! 



Algún día

ya no será el río quien nos acompañe, 

cuando en el aeropuerto

se abrochen nuestra dicha o tristeza

en un abrazo de encuentro o despedida;

algún día, querida,

no tendremos que ahogarnos de distancia

acariciando la pantalla

con ojitos llenos de lágrimas;

algún día nuestros besos

encontrarán nuestros labios

y recorreremos los caminos del mundo

por fin abrazados…!



No dejes de soñar

que al tiempo, en su paso hacia la muerte,

no le importa ajar en su marcha

nuestra efímera felicidad;

bríndame tu sonrisa ahora

que te rubora la dicha

y que el instante que tenemos

es toda nuestra eternidad;

deja que la atesore en mi pequeño “para siempre”,

antes que el tiempo borre todo lo que tenemos

y nadie sepa nunca

si se hizo, nuestro sueño, realidad o no.