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domingo, 18 de junio de 2017

Mi amor



Fue grato sentirte como eras siempre:

echándome los brazos al cuello

y devolviéndome con besos

la idolatría del corazón perenne.



Tal pareció que nada había pasado.

Como cuando recuerdos felices

nos envuelven, al entrar o salir

del camposanto.



Al abrir los ojos…

la penumbra del cuarto.

Y al caminar hacia el baño…

la mañana acechando

con su claridad y su aire helado.



Los sonidos de la vajilla,

al prepararme un café,

se van alarmados

por toda la casa;

por un océano de soledad

donde nadie más existe;

sólo mi cuchara y yo…

y este frío café

girando en la taza.



Rodeado de ayeres

y cosas que no entiendo,

extraño la alegre luz de tu sonrisa

iluminando cada estancia

del lar pequeño que nunca frecuentaste.



Hay una tristeza dulce que me acompaña.

Una tristeza que tiene, en éste invierno,

su odre viejo donde fermentar.



Asomado a la ventana

envidio la alegría del can

acariciado por sus amos,

envidio al niño corriendo

hacia maternales brazos;

y la flor que es olida con fervor

por la muchacha que calla

ante el mirar fijo de su enamorado.



Envidio la mirada que, aquél,

posa en los ojos de su amor;

y que ella devuelve rielante,

trémula de emoción…!



Extraño tus manos tibias

y los besos que invitabas,

sin un por qué,

al anhelante corazón.



Al primer sorbo de café,

inadvertidamente,

mi cuchara cae;

y su tintinear repentino

se va alborotado

a todos los rincones de la casa

para volver y encontrarme solo;

solo, con mi café,

amargo y frío,

girando demencial en la taza…





- Mi amor,

¿verdad que todo va a estar bien...? -