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viernes, 6 de octubre de 2017

Hasta que volvamos a vernos




En la bóveda celeste

en que la vida se sobrepone a la muerte;

mi dicha será tu ilusión

cada recuerdo que dejamos

en Buenos Aires,

cada cosa que sellamos

con un beso en el adiós.



Tu tristeza infinita al abordar

el avión,

regresando a una cárcel

que llamaremos casa…

sólo para soportar el dolor.



No tengas pena,

que el péndulo que oscila en el alma

entre la distancia y la ilusión,

sea lo que nos mantenga vivos,

hasta que volvamos a vernos, amor.



Nunca abrazarás la angustia

que paso aquí, lejos de ti;

nunca consolaré tus penas

cuando nadie te quiera oír.



Aguardando las promesas

que nos dio la vida,

una mañana descubriremos en el espejo

al otro, que ya no somos nosotros;

en cuyo mirar hondo

radian un puñado de lirios muertos.



Exentos de dolor,

amén de tanto esperar,

se trazan los rasgos

de una persona fiera, fuerte;

un superviviente del destino,

que ya no se conmueve.



Marchando al borde del camino

llegaremos donde ya no existe el miedo,

porque cuando ya no hay más camino

nos forjamos uno martirizando hasta la muerte

cada uno de nuestros bellos sueños.



El día esplende,

otra navidad se avecina

como un calco que natura

tiende a repetir;

la tarde soleada de brisa fresca

ya no nos trae la alegría

de descubrir la vida nueva

sino la triste niebla de los recuerdos;

porque en la sonrisa cansina sabemos

que esas alegrías y dichas

nos costaron tiempo, esperanzas;

la vida misma que frente al espejo

vemos con horror

que ya no nos alcanza.



No tengas pena,

que el péndulo que oscila en el alma

entre la distancia y la ilusión

sea lo que nos mantenga vivos;

hasta que, algún día,

volvamos a vernos… amor…!