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jueves, 17 de julio de 2014

Gaza



Espiral…

Centrífuga…



Cuando el vértigo pase

y entre el llanto de los niños

el hogar esté

totalmente destruido,



una madre arrodillada

llorará a mordidos gritos

la criatura que, sin poderla ver ya,

se habrá quedado dormidita en su regazo,

con el pelo ensangrentado,

en apacible rictus de soledad.



Un hombre fuerte

llevaba en brazos

otro niño;

dormidito también y con el vientre roto.

Era increíble ver su mar de llanto

mojando sin clemencia su rostro.



Sus alaridos encadenados

enloquecedoramente

a sus pucheros desgarrados.

Aquel hombre, ante el cual,

todo asesino

pensaría dos veces

antes de descargar su mal.



Otro,

lejos,

ebrio de distancia,

abría los brazos en rededor;

En la polvareda sin fin

todo bañado en llanto.

Reclamaba ininteligible.

Gimoteaba como pidiendo piedad,

arrastradas palabras,

¡no poder revivir

lo disperso de su amor!

su pequeñín amado

sin mañana.



Entre la destrucción

y el desamparo,

no hay a quien esperar.

El mundo sigue en silencio,

mientras Hamas

cobra la prebenda,

para que, por  sus ataques,

tenga el pretexto necesario,

el otro carnicero,

para que su territotorio extienda.


Otros palestinos corrían,

buscaban sollozantes

en la polvareda,

hijos, gemidos, gritos;

el mulato hitleriano

marcha sobre la riqueza

de Asia, Ucrania, África,

inventando nuevas cuartetas al profeta

por su gusto dineral.



En Gaza

ya no hay por qué vivir.

Mientras el mundo vitorea en silencio

el abuso feral contra sus indefensos,

gozan, gastan y viven;

cuando en la tierra árabe, ya nada es posible,

salvo suplicar a un Dios sordo,

para morir igual .