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jueves, 29 de septiembre de 2016

Opio



La dulce rutina de las mañanas,

sean soleadas o nubladas,

son el toque de magia

a una vida que ya acaba…



Nada importa la política

ni la economía mundial

que a tantos pueblos desangra.



Nada el gaseoducto de Siria

con su postrer llegada a Ucrania;

nada la impagable deuda norteamericana

que en la tozudez del mundo se recarga.



Yo salgo cada mañana a trabajar

a perderme en los jardines mentales del amor

que el ciberespacio, a despecho del trabajo, regala.



Del escepticismo de imaginar

la felicidad negada,

aquí heme con ansiosa espera

frente a la pantalla de mi Smartphone

aguardando un mensaje, un emoticón;

algo que premie el amor constante

que crece

a miles de kilómetros de distancia;



porque el amor es así

apareciendo inoportunamente

en las situaciones

más inesperadas.



Asesinaron al adalid del ALBA

y con él, el sueño

de una gran patria sudamericana.



Uno a uno los capitanes

fueron saboteados por el lumpen

hasta dejar acéfala la almena,

totalmente abandonada;



yo también abandono mi trinchera

y me hundo en un abrazo de mujer

hallando en la ternura de sus besos

todo el mundo de amor

que el alma necesitaba.



Lo único que preciso

es fe e ilusión

para vivir cada día soñando

despertar a su lado.

Desoigo los rigores de la muerte

que flagela por usura

a decenas de naciones hermanas.



Ya no quiero nada,

solo perderme en el opio de su amor

sin pensar en  quê sucederá con la humanidad

mañana.