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domingo, 19 de abril de 2015

Cuando te fuiste



Mejor,
vámonos sin almorzar.
El cansancio
ha izado todas sus velas
y nuestro pecho
de infortunios tantos,
es un tendal.

Jirones de telas
se sacuden al viento,
bajo la luz límpida del sol;

y el doloroso traspié
que da el corazón a cada lado
tiene el color de la tristeza ,
cuando oímos una canción
que nos transporta suavemente
a un pasado de sol.

Dejémonos de boberías,
cuando uno llora realmente
no es una exigencia;
tampoco una súplica
lo que nuestro rictus
surcado de llantos reclama;
es una solicitud justa
innecesariamente postergada…
y denegada.

Cuando montado en el lomo de las horas
nos detenemos a ver el mundo correr
alguien colgado a nuestros tubos
trepa vigoroso hasta nuestro corazón
(¡qué ganas de gritar!  ¡de protestar!)

Mas, contra el intruso doloroso
no podemos más que callar,
cuando camina paseándose victorioso
por nuestro transido corazón
con pasos de tormento
y sus ademanes de gran señor.

Habremos de soportarlo
hasta que se canse
y abandone el recinto, donde una vez,
reinó el amor

¡Qué ganas de gritar!
de protestar!
y tomando lo que es negado y nuestro
clamar a todo grito
BEBÉ!  BEBÉ!  BEBÉ!

Miro a todos lados
como queriéndote  encontrar,
y en cada sitio aparece un no rotundo
y mudo,
definitorio.

Y todo sufrir
parece injusto
pues nada de lo que hicimos
pudo haber hecho tanto daño
como para merecer este calvario.

El cadáver del hombre muerto en Buenos Aires
no es más que un hecho lacónico.
Las causas de su deceso,
los hilos rotos de sus nervios,
sus sinapsis arrojadas
 hacia un precipicio emocional;
no es nada más que el faltante
en su  obituario no escrito jamás.

Este hombre ciertamente  esta muerto
y se aprecia en su faz
el ultimo exhalo de vida
como un ¡ay! ahogado y mortal.

¿Cual habrá sido su último sueño?
aquel, que una vez ido,
quisiera rescatar;
¿cuál habrá sido su recuerdo grato?
aquel que huyó despavorido
ante tanta  fatalidad.

¡Ay, qué ganas de gritar!
pero cuando somos grandes
y no hay madre
ni padre que nos puedan salvar,
solo queda un silencio de claustro
y un insistente
torrente de lagrimas ahogadas
sin que nadie venga a socorrernos jamás…!