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miércoles, 15 de mayo de 2013

Cuando más te necesitaba



Tú sabes la nostalgia que hay

al filo de todas las cosas;

en el borde de luz

que las dibuja.



Sabes del instante

que se queda

en la memoria,

momento en que duda el corazón

desarropado,

en quedarse o seguir,

por donde lo has dejado.



Cuando sólo tenemos como horizonte

innumerables adioses

y puertas que se cierran,

caminamos orientados a la noche,

a donde nunca coincidirán

nuestras intenciones

¿qué hacer…?



Y el cielo

que pretendía azul;

por alguna razón, se cubrió

de nubes negras.

Sensación de ir

a ninguna parte;

a donde nadie nos espera;

ni existe quién,

tenga para nosotros,

alguna voz que nos reclame

o diga alborozado a otros

“¡miren, aquí llega…!”.



Podría seguir conduciendo

hasta que la vida se me acabe

o hasta que encuentre un sitio

donde me detenga el amor

con su magnífica sonrisa

de PARE.



Porque en cada par de retinas

que nos miran,

hay como una cuestión que se queda

pegoteada,

en pleno centro del alma;

una intención de bajar del auto

nos conmina

a involucrarnos, decididamente,

en su vida diaria;

y dejar, sin tristeza, esta otra,

que estando bien,

no nos acerca a lo soñado

para nada.



Alguna vez,

como el más grande de los orates,

caminaré delante de mí

lanzando a los aires

mi chalina, el chaleco,

el saco;

y mirándome pequeño y con miedo,

ir presuroso a recoger lo lanzado;

para que aprenda a soñar,

mentiré con voz serena:

“cuando radia el sol de amor

no necesitamos de “eso”;

¡no importa qué final venga!

sólo disfrutemos el momento

sea, el mañana, cual sea…!”