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viernes, 6 de febrero de 2015

Videollamada



El día comienza con un retraso voluntario.

El trabajo puede esperar

si estamos enamorados…!



Dejar que corra la vida

en las horas de la mañana,

con la brisa;

mientras todos trabajan,

tú y yo,

diciéndonos mil te quieros

frente a la pantalla.



¿Eres un ángel? pregunta él

con ojos embelesados.

Sonríe ella,

y se ruboriza.

Mientras afuera, las gentes,

marchan al trabajo a toda prisa.



Surcan nubes de algodón

el célica,

cual las promesas de amor

que dicen ellos

frente al monitor;

promesas que el corazón necesita

y hacen de este mundo

un lugar mejor.



Una sensación de lluvia

lleva sueños desde el pecho

a las retinas;

una emoción profunda,

que con cada te quiero

no finaliza.



Y en verdad

ella parece un ángel;

y él un simple mortal

viendo extasiado

luminar su vida

esplendorosa estrella fugaz .



Ya es tarde

las horas de las prisas terminan

y ellos se despiden conteniendo en la garganta

la dulce tristeza de quien ve

diluirse cristalina

el dulce arroyo de la dicha.



Por fin la imagen se cierra

se cierran las aguas del mundo

sobre un amor radiante como el sol

que espera otro bajamar

para no zozobrar de rutina.



Ambos salen a la vida

y aún en las retinas de aquel

no sabe si fue un sueño,

o es una ilusión

que todavía no termina.



Ella sobrevuela los quehaceres

cual una luz leve que acaricia;

lava, limpia, cocina;

sin despegar de sus pupilas un instante

el sueño de amor de su vida.



Qué extraña sensación esta.

Los colores parece que nacieran

del corazón y su sonrisa;

como la hermosa fantasía

del hombre que se acerca a Jesús

y en vez de irse triste

a conservar sus riquezas,

deja todo y va tras él

en pos de la alegría.