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miércoles, 18 de marzo de 2020

Miscelánea


Toda mi existencia
es una necesidad;
un estar parado en el instante
que siempre me ha de postergar.
Observo sus ojos de dulce mirar,
también desean lo que yo;
pero su deseo con el mío
jamás se encontrarán.


Han pasado muchas vidas;
instantes de noches y días,
sinceramente, inolvidables;
más, del emigrar de las aves,
ninguna miga quedó,
para hoy,
que muero de hambre.


Con este sentimiento
alborando en la mano,
me acerco;
el corazón es un sembrío
de sueños y cosas por terminar.
Desde el alma puedo ver,
sin ser observado
que su ansia necesita
la tórrida sed de mi edad;
más, de esta dimensión lejana,
no hay cómo escapar.


Si acaso, creer que soy brisa,
coincidiendo con su mano,
en su volcán, desbordando miel;
si acaso cierzo
para morder su boca,
marcándole el brillo
en el rojo de sus labios;
asiendo los frutos de su edad, 
con mis manos,
blancos, iluminados;
que tientan tímidamente,
en la sorpresa,
dejarse acariciar.


Imagino su piel intacta,
cuando acerque el misterio de su quebrada,
a la salvaje grama que me acompaña;
imagino su delicadez mullida,
tomar asiento
al borde del abismo de pasión
en que se deja caer el alma;
cuando, adentrándome,
lentamente,
cese de mirarla . . .


¡Oh, estoy aquí!
por favor,
no entregues tu clavel
a quien no querrá volver...!
Detengámonos aquí,
entre el sueño y la añoranza,
para hacer otra realidad
en donde nadie pueda perder.


Ha pasado.
No queda sino, apagar
mi flama, también;
y recordarla en las altas sombras.
Sólo queda esta soledad
vacía de amor
y llena de instantáneas
para rescatar su instante,
su genuina ansia;
cuando esté terriblemente solo,
como hoy,
y ella sólo sea,
otra triste miscelánea.