El viento aúlla
cuando asume
en medio de la oscuridad,
que está solo.
Ya no hay luceros
apareciendo entre las nubes que pasan,
sólo un par de naves extrañas
que nadie conoce,
en el cielo,
estacionadas.
Diseñados lucen los caminos
que conducen a los juegos.
Sin niños.
Hay un asombro
mudo
en el inmóvil subi-baja,
en la bancas sin maternales charlas,
sin bullicio, sin recuerdos
para el mañana.
Tanta desolación
da miedo.
Tal pareciera
que vuestras risas de pequeños
eran las que nos protegían
y llenaban de vida,
y no al revés;
tal parece que el ser padres
vistió, disimuladamente,
nuestros días
de felicidad;
Esos días en que corríamos desesperados.
tras la magia de un resol,
por encontrar lo que ya teníamos al mirarlos.
Los recuerdo una noche
mirando por debajo de la puerta
de lo que sería
su nueva escuela.
Los recuerdo corriendo a nuestros brazos
cuando aquel noble y manso can
olió la niñez en sus manitas pequeñas.
El viento aúlla más
en medio de la noche fría;
y yo, cierro las ventanas
para que ahora,
que ya no están,
el viento del adiós
no se lleve con su aullido,
lo que queda de mi alma,
también . . .