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martes, 21 de enero de 2020

ÉL



Vivir
y andando, darse cuenta
de lo horrendo que es . . .
Mientras sueñas,
atribuyes al azar
todo revés;
hasta que,
arrastrando el alma ,
te encuentras
con lo que ha de suceder.

Tal vez entre los planes
no esté el desposeer;
es más,
tal vez ni se percate
que, transhumanos llenos de prótesis,
sólo tratamos de imitarlo
¡Tan ocupado estará
en llenar los infinitos del alma!
que cuando el ruego
toque a insolencia,
nada, sólo, significará.

A cada bataola
no termina todo
como rocío y espuma,
estallando su belleza
entre arrecifes y peñas;
sino como carne tersa,
herida y sangrienta,
hecha queja.
Y si fuimos contentos,
no queremos irnos;
y si desgraciados,
la vida se hace luenga;
como si nunca, la muerte,
llevarnos  quisiera.

Tal vez, por sindéresis,
alguno,
tengamos que ayudarlo.
Lo primero será borrar de su rostro
esa saudade de muerte,
lo primero será,
ingresar en nuestro corazón
sus decepciones perennes,
hasta que el hartazgo
nos impida seguir;
y entendamos,
su absurdo primer mandamiento.

A imagen y semejanza,
en su mayor desespero,
el hombre voltea . . .

Al final de la agonía
y buscando un hálito de vida,
voltea,
¡a tratar de entenderlo . . .!
aunque el dios, sea Él.