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martes, 15 de enero de 2019

11 Set



La fresca brisa fría de las mañanas claras,

nos sorprendían haciendo

tareas escolares.

Nuestras primeras grafías

se iban azules

por reglones de cuadernos olorosos,

descubriendo la vida con luz,

¡a raudales . . .!



Limpia estaba nuestra historia

y límpidas nuestras pupilas húmedas

destellantes de juventud.

¡La vida era tanta . . .!

que pasaban desapercibidas

las instancias de lo fatal.



Nacimos en medio la guerra fría,

entre patrióticos movimientos

y el acoso perverso

de los matarifes del tío Sam.

No sabíamos que la URSS y los gringos

sólo querían repartirse el mundo

y nuestras riquezas;

aplastándonos como parásitos

a los que hay que exterminar.



Un 11 de setiembre

de bombardeo y balacera infernal,

se abrieron las alamedas

para que pase Allende y la esperanza;

libre, bueno,

hacia la inmortalidad.



Otro 11 de setiembre, negro,

los hijos de Baal,

urdieron un genocidio, en su propio suelo;

ocultando el magnicidio,

por escupir nuestras banderas

y salir, con esa excusa,

a otros lares del mundo,

¡a matar . . .!



Destruyeron las torres gemelas,

aquellas que, en cinemascope,

el pobre King Kon, enamorado,

llegó a escalar . . .



¡Cobardes, inmisericordes!



Sus propios ciudadanos

se arrojaban al precipicio aterrados,

¡ciento veinte pisos!

por no morir quemados

con las nano termitas que derretían

¡hasta el concreto y el acero forjados . . .!



¡Ay, de los humanos presos

en el autoatentado fatal!

¡Ay, de sus gritos y sus lanzarse al vacío

silueta y grito cayendo por el pánico

a más de cien pisos de profundidad . . .!



El ave de aluminio

no se partió; sino que,

atravesó como un ánima

seis metros de acero y concreto.

No se trozó; sino que,

dejó un orificio circular, casi perfecto.



De inmediato la ejecución del decreto,

ése que en Mahattan, no habían podido lograr.

Y luego, ir a Asia y Medio Oriente, ¡a matar . . .!



¿Qué raza maldita es esta,

que por sólo riquezas

asesina sin piedad conciudadanos,

por inventar calumnias

con qué extorsionar, asesinar y robar?



En agonía,

¿se angustiarán por los gritos de terror?

¿les caerá en el alma

el dolor de las miradas inocentes masacradas?

¿oirán los gritos que al llegar al pavimento

se quedaron,

vertiginosamente,

desfiguradamente,

sin voz . . .?



O sigo engañado pensando

que, en el último momento,

se arrepentirán de su maldad

y pedirán perdón. . .?



Cuando mueran,

¿habrá sentencia para ellos?

O es que este mundo es el infierno

y nosotros los corderos

de sus hórridos sacrificios

a su sistema perverso de iniquidad. . .?



Correré como un loco

llamando por el hombro a todos los hombres;

correré demencial

vociferando sus abominables acciones;

anunciaré a nuestras tierras

la llegada de la bestia,

sus bastardas triquiñuelas;

hasta que todas las naciones del mundo

le hagamos frente con nuestra ingenua ,

pero digna certeza,

de un mundo justo , de amor

y de paz.