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lunes, 22 de febrero de 2010

First Time

La luna está encendida
en el cielo azul.
Ninguna estrella.
No duermo,
y a mi lado radia
el calor de sus caderas.
La redondez de su forma
llena mi pecho,
de sed
mi boca atiborra.

¡Oh el tibio calor
que absorbo en secreto
con la gran O de mi boca!

Y me acerco a tocarla despacio;
cerrando los ojos
aprieto mi mejilla
a su blanda posadera...
y al apretarla con ahínco
suave,
el sonrosado de su piel
decolora...

¡Y cómo huele!
a frutilla y panecillos;
ajonjolíes dorados,
torrados,
en el horno de los sueños
¡y cómo me acerco...!
y ya la toco
con dedos húmedos
de sigilosas aspiraciones.

Aspiro su perfume
en la noche azul.
Sólo se oye el resuello
del dormitar de los mayores.
Las figuras selenitas
que plasma en la oscuridad
la lascividad de la luna
esta vez
¡no me detendrán...!

Mis ojos brillan.
Palpo sus caderas
cubiertas con el edredón...
son redondas y hermosas;
las descubro poco a poco
hasta ver su prenda diminuta
que alumbra más que la luna,
mordida adorablemente
por su carne palpitante
en olas de quereres.

¡Y cómo amordaza...!
¡apenas puede!
la carne hermosa
se desborda
ofreciendo
prohibidos manjares
a mi secreta lujuria,
que encontró esta vez
amanecer de amaneceres.

Tsunami de amor extasiado
que se alza a devorar
su diminuto velero blanco,
que navega en el mar de la pasión
zozobrado;
en su mar de belleza
y holocausto.

Y cómo desborda hermosura su truza...
¡por todos sus costados...!

¡Otro sol!
¡Oh Dios,
siento el dulce de su olor
más cercano...!
y poso audaz y enloquecido
la sedienta turgencia
de mis labios...

¡Oh su imantada carne de mármol!
y con nerviosos dedos temblorosos
¡cojo el filo de su prenda!
y la bajo despacio...

¡Ay el temblor de su carne!
tan aprehensiva a mi tacto
¡y qué de rosas su piel sonrosada,
que se pega dulcemente a mis labios!
¡qué tersura la que descubre al fin
el mórbido tacto de mis manos...!
¡y cómo huele...!

Ya me acerco
y hundo mi boca,
mi nariz,
a beberme su fragancia toda...!
desde su bajo sur mismo,
¡su fuente!,
¡su hierba!,
¡su corola...!

¡Oh qué hermosa es la luna
cuando se tiene enfrente...!
y cuánto brilla su estrella solitaria
que radiante, inflorescente,
no alumbrará nunca Belenes.

Hundo mi cara en sus delicias,
la hierba baja en el oasis
de su duna
se chafa a mi lingual caricia,
¡crepita!
¡Ah me raspa!
de manera exquisita;
¡qué delicia!
el sabor salado
de sus mieles
y...¡la luna que se inquieta!
ante mi hondo temor...
¡¡se mueve...!! ¡¡se...arrebuja!!

pero sólo se acomoda...
y ensanchada
blandamente,
se hunde adorable
a abrazar mi aliento,
mis ojos exorbitados
de tanto encantamiento
y se engulle inmensa
¡la premura toda
de mi boca...!

¡Oh ya entiendo!
y a dos manos cojo
los enarcados bordes
y me hundo a saborear
goloso
la miel que ya barniza
su panal,
su tierna delicatessen...

¡Ay la luna mórbida
que a mi saborear responde
con aupar secreto!
¡Ay las aguas azules
en que se avivan todas las ansias!
y la luna que fulgura
en nocturnidad
como hostia pagana del desenfreno...!

¡Ya no puedo!
necesito encarnar su carne de mujer ¡ahora!
no se cómo ya
¡me apeo...!
y...¡¡ se voltea de pronto!!
¡el mundo gira!
el corazón da un vuelco...!

- ¿Qué estas haciendo?
- n-nada...
- ¡mi mamá se puede despertar...!
- un ratito...
- ¡NO...!
- ...

Tristeza, desencuentro.

- ¿Por qué tus ojos brillan...? ¿estas llorando...?
- ...
- ...¡¡sí!!
- ¡ya, está bien...! ¡pero rápido...!

¡Oh el silencio del misterio!
y el corazón
que sin saber amar
había encontrado una playa,
un mar de amor
en donde hundirse como un pez
en secreto;

y el olor de sus cabellos
que aspiré abrazado
a su grupa de mujer chúcara,
que corcoveaba y pugnaba
con amada fuerza
por ahondarse más
mi enhiesto pecado inconfesado
asombrado y párvulo.

¡Oh la luna sonreía!
cuidando que no llegue el alba,
hasta que el hechizo
se derramó en su umbría,
apretando puños de arenas
mórbidas y cálidas;
sintiéndola hermosa,
¡la más hermosa de las niñas!
embadurnada de miel toda,
¡y de sueños...!
¡y de caricias...!