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lunes, 6 de diciembre de 2010

A mis amigos

¡Oh amigos
estoy tan contento...!
desde hoy puedo mirar al cielo y sonreír,
y respirar la paz en el aire
sabiendo que el mundo
no es tan inconmensurable
como para que no pudiera
nunca hallarles.

Desde hoy los cierzos
cantan suavemente para mí;
tan es así, que los oigo desde lejos
acercar sus romerías,
su bullicio cascado
de quitasueños y alegrías.

¡Venirse desde lejos...!
trayendo vuestras risas,
vuestras charlas e inquietudes
en cestas olorosas
de tiernos versos
y páginas multicolores...!

Hoy las distancias insalvables
me son amables.
A mi playa solitaria llegan
a manos de mansas olas
sus mensajes;
cual una u otra botella
que alguno de vosotros
acorchara y despidiera
pintando frente ella
¡la mejor de las sonrisas!
ante el viento del oeste
al lanzarla lejos...

¡muy lejos!

hacia el regazo tierno de las mareas;
para que, yendo al garete,
con la rotación del mundo,
me llegara lindamente con sus voces,
conmovida hasta Perú!

En la arena bañada de espuma
rueda
hacia mi secreta impaciencia;
¡la veo!
atacada es, en su cristal mojado,
por oblicuos rayos de sol
¡oh si la vieran!
tintinea hecha toda una fiesta
de luz y de color.

¡Ah, los nervios de mi sonrisa,
al contemplarla emocionado,
nublan mi vista!
¡oh la fuerte brisa marina!
¡las gaviotas...!

¡Oh amigos, aquí en Perú
el cielo azul es tan inmenso y luminoso,
que viajan albos desde barlovento
níveas montañas de algodón
cual caravanas majestuosas de blancura,
o envoltorios sublimes
de las grandes gracias de Dios!

¡No lo puedo creer...!
¡aunque lo sé!
Son mis amigos los bloggers y poetas,
que desde lejanas tierras,
me envían la frescura tierna
de sus juveniles cartas,
impregnadas de sueños
y primaveras fantásticas;

sus anhelos azules
recién germinados;
y que yo creí existía sólo
en la reclusión perpetua en que me sumo,
cuando tembloroso
de tanta crueldad y tanto mundo
me aferro a mi corazón atribulado
con mi último sueño,
frente al ordenador.

Oh amigos, amadas,
a veces, parado ante el horizonte,
espero que las horas sucedan
imaginando vuestras voces,
vuestras risas;
la deslumbrante profundidad
que debe haber en sus pupilas.

Gracias a vosotros, a vosotras;
quiero vivir y luchar
por un horizonte nuevo;
donde, más allá de azules firmamentos,
no existan fronteras
más que vuestros nombres
y el nombre de cada uno
de los hombres de la tierra;

vuestro verbo eslabonado
a mis humildísimos giros
sabrán hacer una ronda de amor
como cuando éramos pequeños;
y nuestras madres nos inculcaban
su decálogo sagrado en cada rezo;
para que ahora,
al transcribir sus enseñanzas,
se multipliquen sus besos
en cada uno de nuestros versos.

Gracias a vosotros,
amigos, amadas;
es que tiene sentido la vida otra vez,
sabiendo que hay otros seres
que, como yo,
tratan de sembrar el mundo
de jazmines y esperanzas;

gracias a ustedes amigos, amadas,
es que puedo irme de la vida
luchando desde este ínfimo blog;
¡luchando junto a vosotros!
con pétalos y con sueños,
¡vaya! lo único que tengo,
¡por un mundo mejor!