¿Cuándo terminaremos de derruir la montaña?
¿cuándo saldremos de la honda inmersión?
Palpita un barrunto grave en el corazón,
se hace corta la vida ante tanto infortunio,
frente a la desastrosa condición de querer ser
lo que niegan todas nuestras capacidades,
se estrella el ánimo,
flaquean nuestras fuerzas
y se avizora ya, mentalmente,
la retirada sombría,
arrastrando truncas posibilidades rotas.
¿Qué será esto?
¿qué clase de infelicidad es esta;
en la cual, no se mutilan nuestros miembros,
pero sí todas nuestras oportunidades?
Es sencillo, así, convertirse en el adivino
de nuestra propia suerte;
basta tener en cuenta
que todo se nos será negado,
que las puertas permanecerán cerradas
ante nuestra angustiada insistencia.
La playa de un océano creciente
de olas gigantescas,
está desierto a la redonda
de toda alma humana;
sólo el sol ilumina cómo nos ahogamos,
bellísimamente, en el infortunio,
entre los cristales frescos del agua que se alborota.
El planeta continuará hermoso sin nosotros.
El vocinglero, apartado de nuestra suerte,
ríe y departe . . .
como en otro mundo.
La muerte, es en suma,
el más solitario de los caminos.
¿cuándo saldremos de la honda inmersión?
Palpita un barrunto grave en el corazón,
se hace corta la vida ante tanto infortunio,
frente a la desastrosa condición de querer ser
lo que niegan todas nuestras capacidades,
se estrella el ánimo,
flaquean nuestras fuerzas
y se avizora ya, mentalmente,
la retirada sombría,
arrastrando truncas posibilidades rotas.
¿Qué será esto?
¿qué clase de infelicidad es esta;
en la cual, no se mutilan nuestros miembros,
pero sí todas nuestras oportunidades?
Es sencillo, así, convertirse en el adivino
de nuestra propia suerte;
basta tener en cuenta
que todo se nos será negado,
que las puertas permanecerán cerradas
ante nuestra angustiada insistencia.
La playa de un océano creciente
de olas gigantescas,
está desierto a la redonda
de toda alma humana;
sólo el sol ilumina cómo nos ahogamos,
bellísimamente, en el infortunio,
entre los cristales frescos del agua que se alborota.
El planeta continuará hermoso sin nosotros.
El vocinglero, apartado de nuestra suerte,
ríe y departe . . .
como en otro mundo.
La muerte, es en suma,
el más solitario de los caminos.