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Mostrando las entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas
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lunes, 17 de diciembre de 2012

Los motivos de Jesús

Hay momentos
en que triunfa la gana
de abandonar…!

Después de echar un vistazo
y a sabiendas de lo ocurrido;
y de…
lo que, por extensión, vendrá…!
daría buena gana, digo,
abandonarlo todo
¡que lo tomen otros!
y apartarnos sin más.


La riqueza sin dueño
ya no existe;
y nuestros amigos de élite
siguen ganando
sin límites.


¡Y cómo sueñan los que vienen atrás!
nada tienen;
más, sueñan con alcanzar
lo que costó a “unos”
¡más maña que trabajo…!


Sueñan,
y para uno, sólo,
¡son tantos!
que, a veces,
dan ganas de dejarlo todo
y, sin voltear,
¡marcharnos…!


De la conjunción de astros
nació un judío.
Visto a través de los años,
como una flor,
del inmundo fango.


Antítesis del guerrero libertario
quiso enseñarnos
la verdadera libertad en el amor.
Y, ya saben la historia,
¡murió acusado y crucificado!
¿A ustedes no les ha pasado
que actuando con amor
han tratado de aniquilarlos?


La vida es bella
¡quién puede decir que no!
Pero a veces,
ciertos humanos ,
hacen que queramos dejarlo todo
¿Fue lo que decidió Jesús,
tan lleno de amor,
y arrojado por su propios paisanos
al holocausto?


Se habrá dicho en el momento postrer
“¡tal vez esté equivocado!”
y como muchos en una hora,
prefirió dejarlo todo
“¡A ver,
cómo se arreglan sin mí
los humanos!”


Y ya lo vemos,
la masacre de Connecticut
no es un caso aislado;
pero
el gobierno no puede prohibir
que anden armados
¿Cómo prohibirlo
con todo el crimen y odio
que siguen, por el mundo, sembrando?


Sólo un poco
y celebraremos
el nacimiento
del símbolo de amor entre los humanos;
y con tanta muerte,
con tantas armas y ojivas nucleares;
doy gracias al cielo
que Jesús no vuelva
¡no vayamos otra vez a matarlo!

viernes, 23 de diciembre de 2011

Presencia

Precioso es
ver la ilusión de los niños
reverberar en sus pupilas
la noche buena,
víspera de navidad.

Reflejan sus alegrías...
¡lindas estrellas!
en la noche negra;
blancas sonrisas
de la gente buena
dispuesta siempre a ayudar.

Madre llegaría tarde aquella noche,
a deshora.
Una sombra de tristeza
le empañaba la cara
y con su corazón hecho un nudo
nos miraba largamente
mientras sus ojitos
llenábanse de gruesas lágrimas.

Madre lloraba silenciosa
preparando alguna sopa,
dándonos trocitos de pan;
papá nos contaba un cuento
sobre el bien y el mal;
y de cómo siempre ganan
los buenos,
con inteligencia
y con la magia de Dios
¡que nunca debe faltar!

Llamaron a la puerta
unos semblantes
de serena bondad
y entregaron a mamá
unas bolsas de papel…

Al despedirse de papá
le tendieron la mano
y al estrechársela
encendióse el rostro paterno;
sus ojos se agrandaron
como si se hubiese hecho en él
alguna bienaventuranza;
o cual si,
simplemente,
hubiese visto a Dios.

Al irse las personas,
crepitaban las bolsas
atacadas con premura de manos felices.
¡Pugnábamos por ver los regalos!

Éramos como aves
cuando se les ha lanzado algunos granos;
presurosas, ávidas…

¡Habían víveres!
¡y una muñeca rota!
y tres soldados desvencijados
que trajeron nuevos sueños
a mi gran erario.

Aquella noche
la guardo en el alma
como la más alegre;
como cuando exangüe la fe,
viene Dios con su magia
y con un milagro
desbarata infortunios
y pone luz y pone calma,
donde sólo había dolor.

Gracias a gente como ellos
algunos aprendemos a creer
que existe Dios
y que en el momento más infausto
se le hará bien aparecer.
Si pudiera,
yo daría a cada par de manos
lo que quedó del corazón,
porque lo repartan
entre tantos niños olvidados,
para que aprendan a soñar
como esa noche aprendí yo.

- papi, ¿ellos son tus amigos...?
- sí hijito... los ha enviado Dios...!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Semblanza



En la casa
rodeada de sombras
se oirían nuestras risas de pequeños
destellando en los ojitos cansados,
sin éxito,
de papá y mamá.

En el cuarto,
a oscuras la sala,
a oscuras la cocina;
sólo un lamparín solitario
esforzaba su débil flama
por irradiar, a nuestros juegos,
ambarinas tristezas al alma.

Sin cena,
sin regalos;
afuera felicidad
nos daba las espaldas.

Los hombres departían
y brindaban.
Se oían animadas charlas
repentinas carcajadas,
y correteos de niños
bajo estallidos felices
de multicolores
bengalas...

Cerca ya de la magia,
se detonaban 
cohetes,
abrazos,
¡besos . . .!
y en nuestro corazón de pequeños,
descendía Dios al silencio,
con su lamparín de amor...

¡Feliz Navidad!

jueves, 3 de diciembre de 2009

Presencia

Precioso es
ver la ilusión de los niños
reverberar en sus pupilas
la noche buena,
víspera de navidad.

Reflejan sus alegrías...
¡lindas estrellas!
en la noche negra;
blancas sonrisas
de la gente buena
dispuesta siempre a ayudar.

Madre llegaría tarde aquella noche,
a deshora.
Una sombra de tristeza
le empañaba la cara
y con su corazón hecho un nudo
nos miraba largamente
mientras sus ojitos
llenábanse de gruesas lágrimas.

Madre lloraba silenciosa
preparando alguna sopa,
dándonos trocitos de pan;
papá nos contaba un cuento
sobre el bien y el mal;
y de cómo siempre ganan
los buenos,
con inteligencia
y con magia de Dios
¡que nunca debe faltar!

Llamaron a la puerta
unos semblantes
de serena bondad
y entregaron a mamá
unas bolsas de papel…

Al despedirse de papá
le tendieron la mano
y al estrechársela
encendióse el rostro paterno;
sus ojos se agrandaron
como si se hubiese hecho en él
alguna bienaventuranza;
o cual si,
simplemente,
hubiese visto a Dios.

Al irse las personas,
crepitaban las bolsas
atacadas con premura de manos felices.
¡Pugnábamos por ver los regalos!

Éramos como aves
cuando se les ha lanzado algunos granos;
presurosas, ávidas…

¡Habían víveres!
¡y una muñeca rota!
y tres soldados desvencijados
que trajeron nuevos sueños
a mi gran erario.

Aquella noche
la guardo en el alma
como las más alegre;
como cuando exangüe la fe
viene Dios con su magia
y con un milagro
desbarata infortunios
y pone luz y pone calma,
donde sólo había dolor.

Gracias a gente como ellos
algunos aprendemos a creer
que existe Dios
y que en el momento más infausto
se le hará bien aparecer.
Si pudiera,
yo daría a cada par de manos
lo que quedó del corazón,
porque lo repartan
entre tantos niños olvidados,
para que aprendan a soñar
como esa noche aprendí yo.

- papi, ¿ellos son tus amigos...?
- sí hijito... los ha enviado Dios...!