“Minúsculo”,
mi perrito
de 10 centímetros de alto,
sale a la calle
y al toparse con el sol del parque
descubre en el césped fulgurante,
una paloma torda, picotear...
¡Y hacia ella va...!
hincando las manitas,
queriéndola asustar;
ella lo mira con desdén
y alza el vuelo
entre las risas de todos del lugar;
y al verla ya alta,
volar libre en el azul,
siento que algo me ata a la tierra,
algo como una triste piedra
amarrada al corazón,
hundiéndome sin remedio
en este bello mar de amor.
Recuerdo nuestra conversación
y cuando al pellizcar mi brazo,
cogí tu mano
besándola despacio,
dijiste - ¡qué lindo...! -
con ojos llenos de ilusión...
Otro día entrelazando
la longitud larga de tus dedos
dije que te quería;
y tú,
ebria de un cocktail de estrellas
acordaste - ¡yo también...! -
con voz queda.
Hoy he visto en tu “face”
que con otros te retratas
en raras fiestas
de drogas y alcohol
¡Oh saltan
hecha añicos
acerbas astillas
del límpido diamante de mi amor...!
“Minúsculo”
aún corretea
y al ver todo tan hermoso,
¡tan hermoso aquí en la tierra...!;
siento,
a pesar de la tristeza,
la presencia buena de Dios.
¡Dije que te amaba...!
para ti fueron
los sentimientos
buenos del corazón;
pero prefieres
a otros tipos:
con dinero;
altos, apuestos;
más de uno con novia o esposa,
cuando yo te quiero
con el corazón...!
Ya es tiempo de volver,
y aunque
con lindas gracias
"Minúsculo"
pinte sonrisas,
al triste andar de mi aflicción;
está tarde invernal
de sol, de césped ¡y hermosa!
tengo en el alma
como creciendo
una rama espinosa:
esperar un día tangencial a tu sonrisa,
que transforme la rama hostil,
de tu boca a mi boca,
en tímido beso...o en rosa!
porque,
aunque el diablo esté en tu corazón,
tú sigues siendo un ángel
para mí...!
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lunes, 9 de agosto de 2010
lunes, 15 de marzo de 2010
Crápula
No existe el beso por sí sólo
a partir de la carne
si no hay tras de él
un corazón que ame.
Y luego nos preguntamos
¿por qué no nos quieren bien?
¿por qué esto y por qué lo otro?
cuando cosechamos sólo,
lo que somos
harto especialistas
en sembrar.
Las cosas que no me agradan
no las frecuento;
si sólo respeto la memoria de los muertos
¿a qué visitar los cementerios?
y por qué, a la necrosis
de un cuerpo yerto,
te abocas en zaherir y maltratar
si ESTA MUERTO
y ya no,
a tu insanía,
podrá de alguna forma contestar...
Y sí,
te daré un resumen explícito
que no conlleve mi opinión,
total,
yo no existo.
Mastica fuerte, mientras lo digo,
eructa;
desaparece tu horchata crema
sin licor.
Ah y no olvides:
abrevia el tiempo,
deglute,
“que sin tragos no hay amor.”
¿“...a expectativa de tus besos...?”
Sí,
dulces han de ser y también
colmar y explorar
todos tus “recovecos”,
montar tus maledicencias
en la nácar redonda
de tu grupa sin frenos;
mordiendo tus hombros
y palpando en el musgo ribereño
tu herida honda de mujer golosa,
devorándose todo mi miembro...!
Llevarme a la boca con los dedos
de tu flor,
ésa miel...
y cerrando los ojos
(¡oh Dios!)
untar mis dedos otra vez...!
Y frenesí oír,
tu sonata ansiada de gemidos;
de pronto...
un desencuentro,
un estallido de placer
y comprimiendo el cántaro de tu pan impío
te rebalso toda;
ya estoy en tu garganta querida “amiga”
y recuerda
mi nombre...NO es Cecilia.
Y sí,
imaginariamente,
no lo niego
¿acaso crees que para tus impulsos
también soy ciego?
yo te quiero y te deseo
y voy a estar copulándote
¡dos horas...!
en zafarrancho de jadeos y de besos;
Güernica de ojos y de manos,
embiste de puntos medios;
arando furioso
con mi chaquitaclla erecta
la acuarela fresca de tus versos.
El perejil,
ya esta florido querida “amiga”
y a mi nardo no hay cien años que lo detenga.
Bueno, sólo tu NO
(como siempre),
y venablos y anatemas.
Aspirando a grandes sorbos
tu fragancia de combate,
mordiendo cada una de tus presas,
haremos que en tu mata
ajada y fragante
azucenas de mi amor florezcan.
Diosa menor,
(según tú,
de muy pocas primaveras)
deja ya lo obsceno y la palabra artera,
crucifícate con besos
en el grueso madero de mi amor;
convaleciente de tu vida,
querida “amiga”,
déjame tomarte,
que para enamorarte
ya no se necesite
ningún licor.
a partir de la carne
si no hay tras de él
un corazón que ame.
Y luego nos preguntamos
¿por qué no nos quieren bien?
¿por qué esto y por qué lo otro?
cuando cosechamos sólo,
lo que somos
harto especialistas
en sembrar.
Las cosas que no me agradan
no las frecuento;
si sólo respeto la memoria de los muertos
¿a qué visitar los cementerios?
y por qué, a la necrosis
de un cuerpo yerto,
te abocas en zaherir y maltratar
si ESTA MUERTO
y ya no,
a tu insanía,
podrá de alguna forma contestar...
Y sí,
te daré un resumen explícito
que no conlleve mi opinión,
total,
yo no existo.
Mastica fuerte, mientras lo digo,
eructa;
desaparece tu horchata crema
sin licor.
Ah y no olvides:
abrevia el tiempo,
deglute,
“que sin tragos no hay amor.”
¿“...a expectativa de tus besos...?”
Sí,
dulces han de ser y también
colmar y explorar
todos tus “recovecos”,
montar tus maledicencias
en la nácar redonda
de tu grupa sin frenos;
mordiendo tus hombros
y palpando en el musgo ribereño
tu herida honda de mujer golosa,
devorándose todo mi miembro...!
Llevarme a la boca con los dedos
de tu flor,
ésa miel...
y cerrando los ojos
(¡oh Dios!)
untar mis dedos otra vez...!
Y frenesí oír,
tu sonata ansiada de gemidos;
de pronto...
un desencuentro,
un estallido de placer
y comprimiendo el cántaro de tu pan impío
te rebalso toda;
ya estoy en tu garganta querida “amiga”
y recuerda
mi nombre...NO es Cecilia.
Y sí,
imaginariamente,
no lo niego
¿acaso crees que para tus impulsos
también soy ciego?
yo te quiero y te deseo
y voy a estar copulándote
¡dos horas...!
en zafarrancho de jadeos y de besos;
Güernica de ojos y de manos,
embiste de puntos medios;
arando furioso
con mi chaquitaclla erecta
la acuarela fresca de tus versos.
El perejil,
ya esta florido querida “amiga”
y a mi nardo no hay cien años que lo detenga.
Bueno, sólo tu NO
(como siempre),
y venablos y anatemas.
Aspirando a grandes sorbos
tu fragancia de combate,
mordiendo cada una de tus presas,
haremos que en tu mata
ajada y fragante
azucenas de mi amor florezcan.
Diosa menor,
(según tú,
de muy pocas primaveras)
deja ya lo obsceno y la palabra artera,
crucifícate con besos
en el grueso madero de mi amor;
convaleciente de tu vida,
querida “amiga”,
déjame tomarte,
que para enamorarte
ya no se necesite
ningún licor.
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