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viernes, 26 de junio de 2020

Muerte en la residencia de ancianos



Los días del ayer
han quedado estáticos,
grabados bajo tamiz de oro
o velo lúgubre de azul noche.

Tres lágrimas de diamante
corrían perseguidas
por la tristeza de aquellos días;
nuestras pupilas vacías
aceptaron pagar el sacrificio,
sin calcular nunca
cuán inmensa fue la pérdida
que desoló jardines futuros,
dejando marchitas por doquier,
promesas muertas.

Siempre volteo para ver si me esperas;
si el vuelo aún no partió
y se torna milagro la esperanza
de que, por la sala de embarque...
sonriente vuelvas...!

Siempre volteo a mirar,
pero ya es tarde;
y un dolor se asienta
como polvo de olvido
que asfixia,
la agónica resignación del alma.

Más,
siempre volteo a buscarte,
con esa ansia fantasmal de verte,
recogiendo a lloros
nuestras horas muertas;

volteo a contra luz,
frente al umbral
de una solitaria puerta;
busco transido,
el socorro de tu mirar
antes de cruzar;

antes de la oscuridad total,
tal vez,
te vea venir corriendo
a borrar con el alma,
todo lo que hicimos mal;

juntaremos, entonces, los destrozos
que quedó de nuestros sueños;
y bordaremos,
los últimos días de la vida...
¡de ternura!
de senil felicidad...