En plena efervescencia
de hormonas e inestabilidad
llega a vivir a casa
una tía política,
divorciada;
melificada y ancha,
maternal.
Y viéndola sola
y viéndome solo
el amor se dará entre horas
de lectura y de tertulia
tratando de asentar mi virilidad.
Y todo estará bien,
somos dos almas modernas
con sed de amar y libertad.
Y luego de tanta ayuda
y tantos besos;
luego de tantos celos
porque la besen otros labios
u que otros sexos
posean
lo que yo tengo;
llega una prima dadivosa
a desencantarme de mi esposa,
(mi tía política, ya famosa);
y, aunque esto es un tanto extraño,
¡también vive en casa!
y el amor nace en el mismo hogar
¡conyugal! ¡familiar!
¡vaya desbarajuste brillante!
¡otra casualidad!
Asumo ufano
e inconsciente
que soy gallito de corral
y que todo estará bien
mientras no haya leyes que contrariar
y si, al unísono con todos,
tendemos un sacramento de mutis
a esta moderna liberalidad.
Y aunque bajo el propio techo
chispean hirientes
mil destellos de celos
en los ojos fieros
y bellos
de mis dos gratas concubinas,
eso no me impide andar,
y cumplir,
a diestra y siniestra,
el colmo total de mis sueños;
aquí y allá,
sexo barato y del bueno
¡con gran dispendio!
Y cuando mi prima-esposa,
cansada de mi ergo
"no pierda el tiempo"
con mi querido amigo y rival
¡me enfadaré!;
pues ¡qué…!
¡sólo yo
debo ser gallito de este corral...!
No es un delito obedecer instintos
cuando ello no está penado en escrito;
salvo que ahora
también ostento
un título poco honroso,
exhibir como mujer
a la que tuvo en su haber
a dos nobel...¡a la vez!