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lunes, 26 de noviembre de 2012

A la mañana siguiente

Después de la destrucción,
todos los caminos estarán
tirados.
Detenidos en su andar…
o  quebrados sus trayectos
de  quehaceres y  de  sueños.
Rotos  y arrojados
en absurdo  y triste
regadero…

Cuando la naturaleza se harte
y deje caer su tablero…
la fragilidad de los inventos,
lanzados en estrépito,
harán un desorden nuevo;
desolador,
¡como  cáscaras trituradas
de huevos…!

Al final,
cuando moribundos los árboles
nos digan adiós;
cuando las bacterias triunfen
en el nuevo orden,  
ya,
¡sin ningún Dios!

será el final de la ambición,
y de nuestro silencio cobarde
¡que SIEMPRE otorgó!

Sólo un rededor de cadáveres
reverenciarán con sus rictus,
lo que quedó del esplendor.
Una ceniza mortuoria
se habrá tragado los cielos;
la otrora ciudad iluminada
riendo pletórica de sol…!

Angustiados
y también muriendo,
una muchedumbre de peces
se varará hacia la orilla,
flotando a la deriva
en el agua radiactiva;
el amor huirá
como sombra esquiva,
sin besos,
sin siquiera la promiscuidad
a mansalva  y  nociva.

¡Aire enrarecido,!
¡manos a su suerte abandonadas!
¡Ay, la exacta quietud de  los párpados  cerrados!
 sin  bullicio cotidiano,
¡SIN LOS  CLAROS BOCINAZOS!
sin,  hasta, ése energúmeno,  
que tanto odié  
y me detestó…
¡todos  se habrán marchado…!

Después de la destrucción
y destilando por mis vertientes
¡todos mis sollozos!

(¡¡RABIA E IMPOTENCIA JUNTAS!!)

antes de morir también,
abrazado a una porción de tierra…

- ¡¡MI  TIERRA…!!! -

(mi querida tierra…)

¡lloraré …!