Despertar a prisa una mañana
al filo de la alarma del reloj.
Antes que saltes de la cama
hacia la ducha...¡robarte un beso!
y por ir ganando tiempo,
saco de la refri nuestros cafés;
caliento el tuyo en el microondas;
reviso el carro:
el agua, el aceite...
¡todo está bien!
Observo al volver
(¡oh preciosa!)
cual te desnudas ante mis ojos
siempre ávidos de mujer;
tu turbante de felpa
en la cabeza;
y la bata que al caer
deja temblorosos
los frutos de tu cuerpo
cubiertos de rocíos
que saltan luminosos hacia mi asombro.
Botones de carne apretados
donde amamanto apasionado
esta enorme sensación de hombre
que nunca sacio.
Fascinado y completamente callado,
caigo en caída libre
hacia el mullido lugar de tu encanto;
tu enramada humedecida
que simula olorosa y hendida
un oasis nocturno,
que tu cuerpo cubre y sigila;
secreto de Dios
en tu piel hecha luz;
que albora cuentos de amor
ante mis pupilas extasiadas.
En la íntima ternura
de recuerdos frescos de la alcoba
te vistes para la oficina.
Magnetizado
me acerco a ti,
¡oh, repetir la dulce embriaguez,
que anoche, nos produjera
el amar
y luego dormir...¡tan bien!
Me apartas sin hacerlo,
siguiendo con tus cosas.
Yo beso tu espalda, tus hombros
interrumpido por tu blusa;
llevo mis besos a tu pecho,
tus senos mientras te abotonas,
bajo a tu vientre despacio
con los ojos cerrados,
se interpone tu falda
mientras quitas de tus caderas
mi loco abrazo.
Me meto a la ducha
de ti todo embriagado
y salgo sonriente a mostrarte
mi recia virilidad en todo lo alto
que a pesar del frío...
- ¡¡Mira cómo está...!! –
te miro con traviesa complicidad;
y tú mirándome fijo, sonriente;
me acercas tu rostro
y entornando los ojos me gritas:
- ¡¡¿Es que no te cansas?!! -
¡Ah, dejarte con una sonrisa
toda el alma en la boca...!
oh amor, mi amor,
¡qué dichosas son las horas,
que a tu lado, mi vida pasa...!
Luego me vestiré
mientras comes tus tostadas;
acordaremos lo que haremos
y al llegar a tu trabajo
nos despediremos un instante
con un beso apurado.
- Chau amor...
y al ver que te alejas
desesperado,
prorrumpiré en voz alta...
- ¡Me llamas...!
Cerrándose la puerta tras de ti
me iré tranquilo de ver
que entrando asientes con la cabeza.
Oh amor, amada; dulce bien.
En la noche al recogerte,
nos iremos por ahí
contándonos la jornada;
compraremos alguna cosa para la casa;
cenando mientras charlamos
de los gastos, de las cosas;
del bebe por venir
y de la cosa linda que viste
para la cuna
o para que se vea bien;
yo simplemente enamorado
escuchando,
escuchándote
¡no pararé de sonreír...!
Pronto nos iremos a casa
dejando en el aire esa esencia
que las parejas al mundo regalan
cuando se quieren bien;
comentarás las últimas noticias
te daré mi opinión
(siempre contraria);
y al ponerte la pijama,
te atacarán en jauría mis besos,
a los que corresponderás poco a poco,
con calma;
mientras sigue inútil en su perorata
el viejo televisor.
Revolcándonos efusivos como dos niños,
entre abrazos y besos,
en la cama,
descubriremos el amor
cual la primera vez
entre olorosas sábanas.
¡Oh Dios! ver cómo tu carita
dulcísima
se torna aprenhensiva, apasionada;
y cómo tu delicadeza mimada
va y combate con bríos
¡hermosa!
mi fortaleza bizarra;
¡Oh tu amor con mi amor,
bebiendo efluvios, alientos!;
luchando con hambre
cuerpo a cuerpo
con abrazos y con besos;
con caricias y te quieros
dichos sólo a ti,
sólo a mí,
en íntimo secreto.
¡Oh aplacar mi sensación quiero!
¡oh repetirte tantas veces
como las que negaste tu corazón a mi sueño...!
- ¡Oh mi amor cómo has llegado...!
- sí amor,...qué linda eres, dulce bien...!
Y abrazándote
y abrazándome
ir apagando de a poco las luces...
del dormitorio,
de nuestros ojos;
para que nuestras almas
en el sueño
se amen
también.
- ¡Hasta mañana amor...!
- hasta mañnnnzzz...
¡todo está bien!
Observo al volver
(¡oh preciosa!)
cual te desnudas ante mis ojos
siempre ávidos de mujer;
tu turbante de felpa
en la cabeza;
y la bata que al caer
deja temblorosos
los frutos de tu cuerpo
cubiertos de rocíos
que saltan luminosos hacia mi asombro.
Botones de carne apretados
donde amamanto apasionado
esta enorme sensación de hombre
que nunca sacio.
Fascinado y completamente callado,
caigo en caída libre
hacia el mullido lugar de tu encanto;
tu enramada humedecida
que simula olorosa y hendida
un oasis nocturno,
que tu cuerpo cubre y sigila;
secreto de Dios
en tu piel hecha luz;
que albora cuentos de amor
ante mis pupilas extasiadas.
En la íntima ternura
de recuerdos frescos de la alcoba
te vistes para la oficina.
Magnetizado
me acerco a ti,
¡oh, repetir la dulce embriaguez,
que anoche, nos produjera
el amar
y luego dormir...¡tan bien!
Me apartas sin hacerlo,
siguiendo con tus cosas.
Yo beso tu espalda, tus hombros
interrumpido por tu blusa;
llevo mis besos a tu pecho,
tus senos mientras te abotonas,
bajo a tu vientre despacio
con los ojos cerrados,
se interpone tu falda
mientras quitas de tus caderas
mi loco abrazo.
Me meto a la ducha
de ti todo embriagado
y salgo sonriente a mostrarte
mi recia virilidad en todo lo alto
que a pesar del frío...
- ¡¡Mira cómo está...!! –
te miro con traviesa complicidad;
y tú mirándome fijo, sonriente;
me acercas tu rostro
y entornando los ojos me gritas:
- ¡¡¿Es que no te cansas?!! -
¡Ah, dejarte con una sonrisa
toda el alma en la boca...!
oh amor, mi amor,
¡qué dichosas son las horas,
que a tu lado, mi vida pasa...!
Luego me vestiré
mientras comes tus tostadas;
acordaremos lo que haremos
y al llegar a tu trabajo
nos despediremos un instante
con un beso apurado.
- Chau amor...
y al ver que te alejas
desesperado,
prorrumpiré en voz alta...
- ¡Me llamas...!
Cerrándose la puerta tras de ti
me iré tranquilo de ver
que entrando asientes con la cabeza.
Oh amor, amada; dulce bien.
En la noche al recogerte,
nos iremos por ahí
contándonos la jornada;
compraremos alguna cosa para la casa;
cenando mientras charlamos
de los gastos, de las cosas;
del bebe por venir
y de la cosa linda que viste
para la cuna
o para que se vea bien;
yo simplemente enamorado
escuchando,
escuchándote
¡no pararé de sonreír...!
Pronto nos iremos a casa
dejando en el aire esa esencia
que las parejas al mundo regalan
cuando se quieren bien;
comentarás las últimas noticias
te daré mi opinión
(siempre contraria);
y al ponerte la pijama,
te atacarán en jauría mis besos,
a los que corresponderás poco a poco,
con calma;
mientras sigue inútil en su perorata
el viejo televisor.
Revolcándonos efusivos como dos niños,
entre abrazos y besos,
en la cama,
descubriremos el amor
cual la primera vez
entre olorosas sábanas.
¡Oh Dios! ver cómo tu carita
dulcísima
se torna aprenhensiva, apasionada;
y cómo tu delicadeza mimada
va y combate con bríos
¡hermosa!
mi fortaleza bizarra;
¡Oh tu amor con mi amor,
bebiendo efluvios, alientos!;
luchando con hambre
cuerpo a cuerpo
con abrazos y con besos;
con caricias y te quieros
dichos sólo a ti,
sólo a mí,
en íntimo secreto.
¡Oh aplacar mi sensación quiero!
¡oh repetirte tantas veces
como las que negaste tu corazón a mi sueño...!
- ¡Oh mi amor cómo has llegado...!
- sí amor,...qué linda eres, dulce bien...!
Y abrazándote
y abrazándome
ir apagando de a poco las luces...
del dormitorio,
de nuestros ojos;
para que nuestras almas
en el sueño
se amen
también.
- ¡Hasta mañana amor...!
- hasta mañnnnzzz...