Qué bueno es encontrarte
de nuevo,
así, soñada;
inmóvil y
sin la necesidad
mortal de tus palabras.
Qué bueno sentirte así,
con tu sonrisa para siempre,
luminando
la mueca alegre de verte
que pinta mi cara
cuando mis ojos te ven.
Verte otra vez,
siempre es un sueño;
como se siente al sol
con su amada luminosidad
dándonos una tarde cualquiera
en las pestañas.
¿Cómo logras sin esfuerzo
estar, como puedas,
de lo más bien?
Monótonas olas
de mi turbio mar
llegaban...
Llegaban luengas
a abrazar
la patina pétrea de tus arrecifes;
estallaba el sol
en mil sopores y rocíos
y hoy sólo eres un recuerdo
del viento
en mi alta mar...
¡Qué bueno es encontrarte!
esta vez no hay nada que temer
porque en los recuerdos,
a diferencia de los sueños,
ya no hay nada que temer.
Sonríes
y eres mía
como yo quiero
el tiempo que lo desee
y nos echamos a reír de esto;
y hablamos de política
y de nuestras últimas lecturas.
Luego me marcho
y tú te quedas con tu amabilidad
fotografiada de siempre;
con tu sonrisa gentil
para siempre,
hasta siempre,
hasta cuando vuelva verte.
Yo sin irme
me he ido de ti
¡para siempre...!