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miércoles, 3 de agosto de 2011

El as bajo la manga

Esto,
lo que tengo
empuñado y sangrando:
es mi corazón.
Duele mucho
tenerlo en el pecho
pendulando el cruel desamor.

Esto lo que tengo en mi voz,
es mi estómago.
Vacante de manjares,
fabricante de súplicas
e insondables llantos.

Una débil luz,
alumbra triste en mis ojos tardos;
es la flama del alma
esperanzada que se apaga
cuando de la vida
ya no podemos alcanzar nada.

Esta es la última noche,
la muerte no me sorprenderá
esta inmensa pena
que, curiosamente,
es más grande y ensombrece toda
a la fúnebre mensajera.

Esta noche, es la noche
en que me rehúso a seguir
siendo bufón del destino;
esta noche...
¡yo gano!
y desato todos mis proyectos
jalando contra mi sien
el gatillo.

lunes, 14 de marzo de 2011

Amo

Dos lápices
sin escribir ya
en grial apuntan
a donde
la sangre
estuvo
una vez
junto al pan.

Amo
las calles anegadas;
lodazales
tristísimos
que aprendieron
en explosiones repentinas
de turbia agua,
tu nombre
sin querer
al pasar.

Amo
tu imagen
retratada;
tu sonrisa
fementida
con que nos dabas la vida;
y que, con esta
dolorosa llovizna
ataca cruentamente,
horrenda-mente,
el triste papel de ser.

Amo
las fuentes de ilusión desbordantes
de reflejos llenas: tus pupilas.
Y anhelo
desahuciado
verme en ellas
sonreír
otra vez.

La distancia oblonga
que aplasta
contra tus recuerdos
famélicos sueños,
la amo;
y la forma
como amenaza
columpiándose enloquecido
el corazón
descolgarse;
cual un Cristo
que quisiera dejarlo todo,
y bajarse
de esta cruz alguna vez.

Que tu voz me hable
sin oírla,
la amo;
y que me diga
que todo,
así no sea,
es verdad
esta vez.

Amo
sentir el calor
o el frío
y ver en ellos
el vuelo de tus manos;
tocando
sin tocarme,
llenando de caricias
la orfandad
del hombre
que no sabe
por qué sucede
lo que siempre
ha de suceder…!

lunes, 14 de febrero de 2011

Lo Fatal

¿Y si después de tantas luchas
y sonrisas,
de tantas muertes y desdichas;
vienen unos cirujanos a auscultarnos
como a una zona de siniestro
donde se cebó la vida...?

Sólo detén
en mi pecho la desgracia
y asienta sobre mi hombro
tu mano amiga.

Acércame tu risa
a mi sola sensación de ser;
acerca tu palabra
al craneano eco del pensar.
A mi sed de vida
acércame un mirar,
¡uno sólo de tus sueños...!

¡Oh soledad de fosa!
ausencia perenne
en que convertí por ignara
mi infancia dichosa.

Comprender que lo alcanzado
nunca me hizo feliz a integridad;
ya que al lograrlo,
(si acaso lo logré),
¡ había ya otra meta
tras qué correr...!

Descubrir a un tiempo
que estoy cansado;
que quise ser grande,
¡ quise vencer…!
y hoy sólo tengo
mi edad efímera,
de la que,
¡no puedo volver...!

Descubrir
que esta mañana se ha repetido
en cada tramo de la vida,
encontrando cada vez más triste,
la débil luz de mis pupilas
hasta que un día
¡ya no nos encuentre más!

Que este viento frío
que me abraza hoy con efusividad,
fue el mismo
que me abrazó cuando niño,
cuando nada sabía de la fatalidad...!

Advertir sin enmienda
que amé
temiendo equivocarme;
y que, equivocándome,
también,
¡muchas veces amé...!

¡Oh qué imposible es volver
y corregir lo errado
cuando el tiempo nos va dejando...!

Sé bien que todos estamos solos;
pero ahora que has dicho
que quieres hablar,
se hará un paréntesis en lo eterno
y en el silencio hondo de lo oscuro
nuestros ojos brillarán...!

¡Oh soledad de fosa!
perpetua sensación de muerte
que sólo la luz del amor hace disipar;
allí, tras esa charla,
¡me tocará la suerte!
¡de vida nueva me he de llenar...!

Y pensando así
el semáforo cambió su luz
(ámbar, rojo)
y violentamente,
contra él,
un auto se estrelló.