El hombre
se va tras su barril,
tras el rodar desbarrancado
de su carromato;
el pobre hombre
de la basura
tras
su ruido
váse,
hacia
un recuerdo
ya olvidado.
Es mejor
olvidar...
Es ceniza
la inmensa soledad
de las tempranas horas;
tristísima
la visión de las calles
medio muertas y vacías;
muertas
de recuerdos
y muertas
de personas
idas.
Su conversar
viene hasta nosotros
bullicioso,
ininteligible;
su reír
alegre
gira
en nuestras sienes
en carrusel lento
de tristezas.
Borroso,
llueve;
llueve copiosamente
en el alma
cuando
de pronto
hemos comprendido
todo:
Lo dificilísimo
que es
simplemente
amar...
Pero el camino
se hace largo,
se extiende
interminable.
Se va sin nosotros
pariendo
infinita cantidad
de bocacalles
y el cansancio
nos mata,
nos detiene
en un latido
la necesidad
de rehusarnos
a respirar
de la vida,
un minuto más...
El hombre
se va,
y a lo lejos,
presiento
que se ha olvidado
este trasto viejo:
el corazón
desangrándose
de alegrías y de fe;
se ha olvidado
de esta congoja
enorme
que anudada
entre la espera
y el alma,
no termina de pasar.
¿Por qué
se habrá olvidado
de hacer
su trabajo
en mí...?
¡Ah,
esta vida es
horrenda...!