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lunes, 31 de enero de 2011

Algo

Cuando los días venían
unos tras otros
llenos de sol,
había una sombra
que se perdía
tras tu mirada huidiza.

De soslayo
y entre el reflejo de tu risa
y mi amor,
había una sombra oscura
escondiéndose presurosa,
tras la barrunta luz del corazón,
quien te veía siempre entre tules
y con matices de princesa hermosa.

¡Qué memorias
acudirían a tu frente
cuando, ebrio de felicidad,
sorprendía
cual se oblicuaba tu mirar...!
y el alma,
se te iba lejos de nosotros,
oscureciendo tu semblante
con una sombra de fatalidad.

¡Pobre de mi...!
¡iluso de mi...!

Pero como siempre
el corazón
nunca se equivoca,
y en medio
de la algarabía del alma,
sentía,
como todo
no era felicidad.

Un presentimiento torvo
se agazapaba
tras cada beso,
tras cada encuentro feliz
menguando el sentimiento;
una sombra callada
y poderosa
se llevaba antes del beso
tu alma;
y después del sexo
te reclamaba,
exigía a tu corazón
razones de tu infidelidad.

- ¿En qué piensas…?

preguntaba
a diestra y siniestra;
para hallar, en medio
de la felicidad, siempre,
la misma respuesta:

- En nada...

Luego de una veintena
de años
confirmamos la verdad,
la historia secreta.

Para hallar la sombra
tuvimos
que apagar el sol
y agotar los caudales
de amor del alma;

para ver la sombra
que me robaba
tu mirada franca,
tuvimos que desgastar
contra la calzada,
todas las frases lindas del amor,
y poner a la intemperie,
impúdica y avergonzada
tu alma frente a mi alma!

Destruir te quieros,
para descubrir
al que fue siempre
dueño de tu amor.

Ayer dijiste,
que él era mejor que yo,
¡qué clase de historia es ésta
donde el amor
no se paga con amor!

Con festones de duelo
guardas riguroso luto a tu muerto;
que, gracias a ti
y a mí,
nunca murió.