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lunes, 5 de julio de 2010

Recuerdos del futuro

Habrá un día querida Carla
en que ya no vivirás en tu casa
y yo me habré ido de aquí
para no verte jamás.

Habrá un día
en que llegarás como una tarde de sol
a visitarla,
iluminando con tu sonrisa
cada esquina,
cada cosa
del amado terruño familiar.

Las rejas que quedaron pintadas
te mirarán desde el ayer
nostálgicas;
los peldaños
al sentir tus pasos de regreso
sonreirán,
entonces...(¡oh casualidad!)
descubrirás un station blanco
en la puerta
y te verás atravesando el dintel
presurosa
yendo a endulzar mi alma,
¡mi sonrisa de verte...!
y a hacer realidad la promesa de vernos
¡siempre!
al final de la jornada asaz...!

Felicidad.
La noche se hizo tibia
y en lo hondo del crespón
ruborizadas luces cuchichearon risueñas,
charlas de cierzos, luceros y estrellas,
lo que parecía un lindo cuento de amor
o de novela.

Habrá un día querida Carla,
en que no habrá nada más preciado
que estos hondos sentimientos
que tu alba rebeldía siembra
en la férrea fe de mi tardo corazón;
no habrá mejor café
que el recuerdo amado
de tus llamadas severas de atención;
segando a tiempo
la enramada creciente de mis ansias
y poniendo diques
a la marejada tumultuosa
de mi amor...

¡Oh el temporal que se amaina
con una sola de tus palabras!
para que después te rías ufana
contando sobre
una “pacharaca”
y cómo, ésta, a su maridito,
manda.

No habrá recuerdo más tierno
que la expresión de tu carita
oyendo a quemarropa
una noche de tertulia:
“...pero Carla, yo te quiero...”
y herida así, de muerte,
los besos que no vinieron,
y la dicha inmensa
que mis versos
no consiguieron.

Habrá un día
en que un vértigo
nos volverá a juntar en el recuerdo
y podré abrazarte
loco de alegría;
y beber de tu boca directamente
tus mieles, tus fragancias;
tu poesía que necesito urgentemente
día a día
y que no me asfixia, ni me mata;
entonces alguien dirá:
“Carla, ¿en qué piensas...? "
y despertando a un tiempo baldío
lleno de otras caras,
en la despedida veda responderás:
“...en nada...”.

Todo se habrá ido ya.