que ya no están.
La mañana
que has dejado.
Los ecos de tu risa.
El recuerdo
destellante de las cosas
que encendían vivamente
cada mirar de tus pupilas...
Los días se van
en exhausta caravana
por el desierto
de tu olvido;
sin nada qué mitigar
la sed,
salvo la fina brisa
de tus palabras,
cuando solías,
al ser humano,
dulcemente
querer...
Amar
así,
para no esperar nada;
¡oh el inmenso vacío
que nos deja
el no saber más
de tu amor!
el mundo
es demasiado grande...!
y además...
salir,
comer,
respirar...
Desnudos de tus caricias
nos iremos
a donde
no estás;
huérfanos
de tu interés,
de ésa manera dulce
de hacernos creer
que nos amas;
nos iremos,
por un camino
del que
no sé cómo volver.
¡Ay el corazón
y sus manos
inútilmente ensangrentadas!
¡y no poder contener
nunca,
esta vil hemorragia del alma!
Y caminar
sumergido en tus palabras;
trabajar
recordando
nuestras
exequias,
nuestra miel quemada.
¡Qué poca cosa
somos
sin tu tierna
atención!
Y revisando
uno a uno
nuestros pasos,
descubrir forzado,
que aquí
estuve mal;
que no debí decirlo,
que debí callar
aquel inmenso dolor
que me estaba
socavando el alma
y que yo creí,
al confiartelo,
ibas,
inmediatamente,
a aliviar...
¡Oh, cruenta
sensación de darse cuenta
que la vida,
es un regalo de tu sonrisa...!
y que la luz
que colorea
las primaveras
son un regalo de tu sonrisa;
y el respirar constante
que nos condiciona,
responde directamente
a la sensación
de creer
que nos necesitas,
que nos quieres
para tu vida.
¿Por qué
el corazón
se descuelga de su cruz,
inútilmente...?
Sólo
para seguir penando
se quita de las sienes
su cilicio,
su dolor clavado;
sólo para seguir
en la desesperación
inmóvil
de seguir pensando,
se levanta de su lecho
llorando ensangrentado.
¡Oh, ese diario
esperar la paz...!
cuando sabemos
que la vida
se hace larga
por una
sola
persona
de la humanidad;
¡grosera
y torpe ridiculez...!
seguir muriendo
sin morir jamás
por alguien,
que nunca
nos ha de querer...!
¡Oh, padecer
mundial...!
que de tu boca
a mi boca
no hay más distancia
que el sicario
lúgubre del
no voy a volver jamás...!
Alguien
se hará responsable
de todo esto,
mientras tanto
sigamos comiendo,
trabajando;
dejando nuestra tristeza
por los rumbos
neutros
donde
ningún ser humano
ha pasado;
¡Oh, amar los días
que dejaste...!
el brillo ido de las cosas
que al desdén miraste;
¡amar el eco
craneano
de tu voz...!
la primavera muerta
de tu sonrisa
y en fin,
las cosas bellas de la vida
que yacen, para siempre, idas de ti
¡muertas!