Tú y yo,
hablamos desde el dolor.
Esa densa amargura
urdida en nuestras frases,
cuando al viento,
lanzamos recados,
uno al otro,
llegan como filudos
diamantes rotos,
sueños que tuvimos,
cuando la vida
sonreía juvenil,
hermosa
ante cielos perfectos
de promesas
y horizontes vastos
llenos de esplendor.
Tal vez necesitemos
volver estar juntos;
caminar de cara al viento
y conversar como si fuera
la vez última . . .
¡o la primera!
quizá con esa emoción
en el alma
acerquemos el corazón
a las palabras
que hoy
nos desangran;
quizá, ellas,
entonces,
troquen en sonrisas,
traviesas miradas;
caricias que no hieren
sino que unen
beso con beso
nuestras almas.
¡Por favor,
contesta!
es preciso darnos otra
oportunidad.
Cuando tú no hablas
mis pensamientos
huyen en jauría
desatando mil augurios
de sentencias fatales;
se tiende un crespón oscuro a la rutina diaria,
no digas que
ya no me amas . . .!
Creo que el amor aún
arde dentro nuestro. . .
hay mil razones
para volver a amar . . .
pero la amada difunta,
siguió muda.
Indiferente.
Sin hablar.
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