Hacia las seis
cuando la tarde azulaba
la vi venir de lejos,
entre las primeras brumas
que las sombras cerraban.
Su silueta se destaca...
¡oh la veo acercarse...!
El contorno de sus caderas anchas;
dibujándose en las crecientes sombras
¡hermosas!
mucho más grandes que mis ansias.
La sonrisa oriental de sus ojos
al mirarme
entre el seda pajizo
de sus cabellos lacios;
adorablemente escotados
hacia la nuca,
bordeaba el halago pequeño
de su cara
¡oh bellísima!
Delgado el cuello,
diminuta espalda.
Cual luceros traveseando en el tisú
sus pupilas destellaban;
ilusionada me hablaba
sin dejar de sonreír,
¡era de ver su carita
pequeña y dulce,
aquella noche sin estrellas y callada!
Después de persuadirla
nos fuimos a un cine,
luego a bailar;
yo sólo quería que me ame;
sentir en mi cuerpo tenso
la locura blanda
de su femenil bondad.
Muy entrada la noche
desandamos el camino a pie,
beso a beso;
¡cómo decirle
que andaba exangüe por ella
en secreto,
hacía mucho tiempo!
¡cómo decirle que necesitaba
urgentemente
abrevarme de su fuente,
acabar con su dicha mi silencio!
¡Oh el vino de su aliento
teníame beoda el alma!
yo pensaba y pensaba
cuál sería la palabra mágica
mientras la besaba;
ella me abría su boca entera
como una manzana,
por entregarme directamente
el mosto seductor de su lengua
mórbida y fragante,
¡tan hospitalaria para mis
repetidas ansias...!
¡Oh yo mordía sobre el brasier
y su blusa
sus pezones,
en alerta máxima!
¡oh, cómo colmaba de felicidad
mis manos,
en la carne prohibida de su pan...!
y en el ínterin,
recordaba aquella vez,
que sentada junto a mí,
trataba de cubrir
sus muslos fuertes y voluptuosos,
de mármol bruñido.
Ella jalaba insistentemente
su falda breve.
¡Era de ver cómo apretaba las piernas
una contra la otra...!
¡cándida, deliciosa!
¡Era de ver cómo crecían ampulosas
las curvas de sus caderas soñadas
mientras aspiraba profundo
mi pecho,
mi boca golosa
su perfume,
a grandes bocanadas!
Ella se acomodaba y se apretaba
a un pequeñísimo lugar,
porque nadie reparara
en el vaho de su ambrosía
fecunda y tibia,
adorable y secreta;
que, de entre sus piernas,
ya bebía
a grandes tragos
mi virilidad recia.
Y ahora,
en el silencio azul,
la lujuria romántica de las hadas
que se exceden atiborrando de deseos
¡borrachas!
la ardiente sed del corazón.
¡Ay! besándonos en un jardín
ella quiso orinar
y desnudando su luna hermosa,
se acurrucó entre sus muslos
diciendo con tímida ternura:
“vete más allá...”
Yo sólo logré escuchar
la tímida chirota
de un mar de estrellas
destellando plata en la oscuridad;
el misterio de la vida
en la noche azul,
cual abría su rendija;
y me acerqué a tocarla sin pensar,
embebido y loco
de pasión y ansiedad...!
¡Oh la tierna tibieza de su lluvia
que mojó mi mano!
¡Ah el ojal de su rosa roja,
puesta blanda
en hondo surco, sin tallo!
¡Ay la grieta umbría
gratificante...
¡sus enredaderas chorreando!
yo acariciaba acariciando,
¡alucinado!
con mi vida agónica y lenta,
lenta de vértigo y tanto
de honda-honda
fruición...
- ¡Oh te necesito tanto...!
- ...también yo...!
y me abalancé desesperado
con el desorden de mis manos
¡oh qué torpe fueron mis impulsos!
¡oh qué buena fue ella
cuando al quererme tener,
me abrió sus piernas despacio...!
y con dulces,
dulces espasmos
empezó a saciar con mi carne
su tórrida sed de cántaro...!
Con alud de besos
bebí el canela de su aliento,
me hundí dichoso
en los pliegues de su encanto
mientras la noche cubría de azur,
el ávido estío,
nuestro querer humano...
- Con esta canción quiero que siempre me recuerdes...
- ¡siempre!
- y mi cumpleaños, el 18 de Diciembre
no podrás olvidarlo...
- ¿por qué...?
¿no te quedarás conmigo
para siempre...?
Se quedó callada,
con una triste tristeza larga,
aquella noche sin estrellas y mágica;
y yo tan solo, como hasta hoy,
esperé y esperé
en vano;
sin que oiga nunca respuesta
el púber corazón
de antaño.