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miércoles, 18 de febrero de 2026

Ordalía



Una balacera de días
han arremetido 
sin clemencia
la juventud;
una masa cobarde y amorfa
es lo que soy;
otra lluvia de años,
tu dulce belleza,
desfiguró;
y aunque  aún llegan vientos 
de primavera al corazón,
en el eriazo de tu pecho,
no prende ya ningún poema,
ninguna canción de amor.

Sólo han quedado,
del jardín que nos prometimos,
restos del gran incendio
que, hoguera tras hoguera,
tu vocación insana
desató.

Los machos holgazanes
a quienes te entregaste,
no dejaron a sus hijos
ni a sus esposas
que los mantenían;
pero lograron con sevicia,
satisfacer
tu adicción seminal;
y lograron que,
abandonaras tus promesas, 
porque ellos, como tú,
también querían comprobar
si su atractivo
podía hacer que rompieras
con tu esposo y tu hogar,
por ansias de más placer.

No hay celebración
en nuestros aniversarios,
salvo, a los adúlteros 
que te usaron 
y hacían chanzas, 
entre ellos,
de cómo gozabas 
y gimoteabas al copular.

En mi ordalía,
yo aún espero,
el horror final;
porque, tarde sé,
que es para mí;
yo sigo esperando, 
aunque no sé muy bien
qué;
tal vez sea la muerte
con su última tortura, 
la única que venga ya,
en vez de ti.



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