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jueves, 8 de octubre de 2009

Vértigo

Es difícil todo esto
que nos afecta;
fluctuantes desatinos
del dios inmenso que hemos creado
y nos golpea,
nos hace daño;
y para compensarlo,
trabajamos,
trabajamos;

enfermamos,
y morimos
y seguimos trabajando;

no hay descanso
ni réquiem que nos recuerde la vida
de seres humanos;
la única forma
de poder levantarnos mañana
e ir a ver a nuestras novias,
salir con nuestros hijos y esposas
o simplemente tomarnos un trago;
es darle duro al trabajo.
Es seguir trabajando.

Para no sentir sus fuertes estragos
su necesidad de tener más
trabajamos aquí,
cachueleamos allá;
inoculados de su grave enfermedad
empujamos el planeta
hacia el caos financiero,
el desastre universal.

Porque el magnate,
(millonario por demás)
no detiene sus rentas.
Quiere más.
Y si mueren de hambre y miseria
países enteros del orbe
no importa;
inventan guerras,
crean organismos
salvaguardan capitales
son los dueños perversos del planeta.

Porque no es bueno
el que da pequeñeces
de lo mucho que le sobra
si sigue ganando aún a costa
de ninguna luz promisoria.
Y admiramos;
son para nosotros
después del dinero
apóstoles que seguiremos
por senderos de iniquidades
y malos manejos;

¿nos sorprende
que entre los jueces
encontremos sus dictados?
¿en las leyes?
¿alrededor nuestro?
si en nuestro cerebro
sólo anhelamos
ganar la lotería
o nos llegue aquel trabajo
o negocio
que nos de todo el dinero que ansiamos!
¡dónde está lo extraño!

Todos tenemos el mismo virus inoculado
corriendo loco por las venas.
¿A dónde vamos?
qué hacen los cantores,
a quién pintan los pintores
a quiénes hablan poetas y poetastros
bloggers, periodistas, literatos;
si los que gobiernan
son los más enfermos de la tierra;
los que sólo saben mentir
(como todos)
y salvaguardar poderosos capitales
de los hombres
que nos siguen haciendo tanto daño.

Para qué son las guerras
sino para tener más;
para qué los libre mercados
sino para dejarnos alguna ganancia
que nos sacie la necesidad de tener más;

porque lo justo
es tener siempre algo más.
El pobre quiere algo más,
el que tiene poco quiere un poco más,
el que tiene suficiente
un poco más,
y el que tiene mucho
también un poco más;
y el que tiene demasiado
también quiere un poco más;

pero el poco que todos deseamos
no es el mismo para todos;
así, el que no tiene nada
y anhela un poco,
ése poco no servirá nunca
para el que tiene algo;
he aquí la gran diferencia
de la que estamos hablando.

¿A dónde vamos?
Eso es lo más grave hermanos
¡no sabemos a dónde vamos!

1 comentario:

Narci dijo...

Meditada reflexión y una buena pregunta que cierra como broche de oro.
Felicitaciones.