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miércoles, 28 de octubre de 2009

A mis amigos

¡Oh amigos
estoy tan contento...!
desde hoy puedo mirar al cielo y sonreír
y respirar la paz en el aire
sabiendo que el mundo
no es tan inconmensurable
como para que no pudiera nunca encontrarles.

Desde hoy los cierzos
cantan suavemente para mí;
tan es así,
que los oigo venir desde lejos
acercar sus romerías,
su bullicio de alegrías y quitasueños.

¡Venirse desde lejos...!
trayendo vuestras risas,
vuestras charlas e inquietudes
en cestas olorosas de tiernas prosas,
de tiernos versos...!

Hoy las distancias insalvables
me son amables.
A mi playa solitaria
me llegan a manos de mansas olas
una que otra botella
que alguno de vosotros
acorchara y despidiera
pintando frente ella
la mejor de las sonrisas,
al lanzarla lejos...¡muy lejos!
hacia el regazo tierno de las mareas;
para que, yendo al garete,
con la rotación del mundo
me llegara lindamente
con sus voces conmovida hasta Perú!

En la arena mojada rueda
hacia mi secreta impaciencia;
la veo,
atacada en su cristal mojado
por oblicuos y triunfantes rayos de sol
¡oh si la vieran...!
¡es toda una fiesta de luz y de color!

¡Oh los nervios de mi sonrisa,
al contemplarla emocionado,
nublan mi vista!
¡oh la fuerte brisa marina!
¡las gaviotas...!

Oh amigos aquí en Perú
el cielo azul es tan inmenso y luminoso
que viajan albos desde barlovento
níveas montañas de algodón
en caravanas majestuosas de blancura,
como envoltorios sublimes
de las grandes gracias de Dios.

¡No lo puedo creer...!
¡aunque lo sé!
Son mis amigas y amigos,
escritoras y poetas
que desde lejanas tierras,
me envían la frescura tierna
de sus juveniles cartas;
impregnadas de sueños
y primaveras fantásticas;

anhelos azules recién germinados,
que yo creí sólo existía
en la reclusión perpetua en que me sumo,
cuando tembloroso
de tanta crueldad y de tanto mundo
aferro a mi corazón mi último sueño
frente al ordenador sin rumbo.

Oh amadas, a veces,
parado ante el horizonte
espero que las horas sucedan
imaginando vuestras voces,
vuestras risas;
la deslumbrante profundidad
que debe haber en sus pupilas.

¡Oh aedos!
gracias a vosotras y a vosotros
quiero vivir y luchar
por un horizonte nuevo;
donde, más allá de azules firmamentos,
no existan fronteras
más que vuestros nombres
y el nombre de cada uno
de los hombres de la tierra;

vuestro verbo eslabonado
a mis humildísimos giros
sabrán hacer una ronda de amor
como cuando éramos niños pequeños;
y nuestras madres nos inculcaban
su decálogo sagrado en cada rezo;
para que ahora,
al transcribir sus enseñanzas,
se multipliquen todos sus besos
en cada uno de nuestros versos.

Oh amadas
¿Debo nombrarlas?
¡Oh las quiero tanto a cada una de vosotras!
y a aquella o aquél que recién llegara;

Alejandra, quien descubre verso a verso
al guaso bribón que llevo enardecido
a mis adentros;
macho alfa, bizarro y bravío,
todo un guerrero inca ¡altanero!

Narci, amadísima,
quien con olorosas rimas
puebla hasta sanar con flores de su jardín
el cáncer doloroso de mis heridas.

Isabella, mártir entre las mártires;
heroína secreta del amor;
miliciana infaltable en el pensamiento fugaz
antes de salir a luchar por la vida,
contra la muerte;
contra el capitalismo hambreador.

Lidia, gitana desconocida;
cuya torrencial poesía
me ha lanzado sin avisos
a cascadas de ríos rápidos
y vorágines;
a calles sin alicientes
¡pero de su mano!
dándome a sorbos su filosofía
de su cantimplora al cinto siempre,
para que ambos sigamos andando,
para que ambos la bebamos.

Amor...¿quién será?
que antes de irse de su prosa
me tapa la boca con su beso
y con el otro beso de su rosa,
me quita el aliento,
la respiración
haciendo que regrese a su blog
para verla cada día más hermosa.

Carla, la imaginada de mis sueños;
dulce musa amada
hacia donde van todos mis versos,
todo lo que quiero y lo que no quiero;
el amor constante de mi corazón.

Y Felipe,
aquel lacónico caballero
a quien, inopinadamente,
con mi inmensa montaña de preguntas
osé felicitar... ¿cómo se felicita al cielo?
¡imaginar su afable sonrisa!
cuando descubrióme
con mi impertinencia de chicuelo.

Oh gracias a vosotros, a vosotras;
amigos, amadas,
que tiene sentido la vida otra vez
sabiendo que hay otros seres
que como yo
tratan de sembrar el mundo
de jazmines y esperanzas;

gracias a ustedes amigos, amadas,
sé que puedo irme de la vida
luchando desde este ínfimo blog;
luchando junto a vosotros
con pétalos y con sueños,
¡vaya! lo único que tengo,
¡por un mundo mejor...!

4 comentarios:

Mercedes Sáenz dijo...

Después de leer tu poema "a mis amigos" y después de tus generosas palabras, sin duda el horario no es ningún problema. Un afectuoso abrazo. Mercedes Sáenz

Alejandra Menassa dijo...

Hola Drac: Por si yo fuera una de tus Alejandras, o por si no lo fuera, te agradezco este poema, lo que es seguro es que ambos somos amigos de la poesía.
Un abrazo
Alejandra

Narci dijo...

Después de esto, dan ganas de entrar en tu círculo de amigos, ;-) besitos

Angus dijo...

Hermosas palabras.